Un niño en la playa

(He intentado editar un poco la entrada para dejarlo más claro e intentar parecer menos gilipollas. No sé si lo he conseguido)




Que lo de Siria es nuevo, ¿no sabes?

Que en realidad estos cuatro años no ha estado pasando nada.

Que si no hablábamos del tema, si no dábamos dinero, si no pedíamos que se acogiesen refugiados y en general, si nada de nada, es porque no estaría pasando gran cosa en el país. Vamos, digo yo. Porque no va a ser que somos unas personas de mierda, eso no, claro. No va a ser que somos unos putos privilegiados que solo somos capaces de percibir los problemas cuando nos dan una hostia en la cara, no hombre, no. Es que no estaba pasando absolutamente nada. Eso debe ser, sí.

Pero ya ves, en cuanto nos hemos enterado, todos a una. Vamos exigir a nuestros gobiernos que se acojan refugiados, vamos a dar donativos, vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano (salvo, claro está, hacer algo de verdad que requiera mancharnos, que eso lo hagan los voluntarios que para eso están) para que esto que está pasando en Siria (que claro, ES NUEVO) deje de pasar. No más niños muertos boca abajo en la playa, porque todos hemos conocido niños y pensar que ese podía ser el niño que conocíamos nos revuelve las tripas.

Mira que rápido hemos reaccionado, Europa. Creo que nos merecemos un par de palmaditas en la espalda.






Oye, y a esos negros que vienen en patera, o a los moros de mierda que intentan saltar esa verja de pinchos que puso nuestro gobierno, a esos ni agua, no jodas, que esos solo vienen a delinquir y vienen por gusto además. Hijos de puta.





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Siento ponerme cínico con este tema. Está bien que al menos se esté haciendo algo supongo. 

El tema es otro... y ahora es cuando llegan las explicaciones, siempre me tengo que explicar cuando hablo de estas cosas... A ver, yo no hago nada, lo digo ya, antes de que lo digáis. Yo no doy dinero a ONGs (no tengo tampoco dinero que dar a ONGs) ni colaboro con nada. Así que tampoco quiero criticar duramente a los que sí hacen algo, aunque sea algo como dar dinero o dar ropa. No quiero criticar duramente porque, comparados conmigo, están haciendo un montón. Mi crítica no va por ahí. Mi critica va en otro sentido. Lo que me jode de todo este asunto es que se hagan cosas por las razones equivocadas, o se diga que se hacen cosas por motivos que no se hacen, y es una cosa que es complicada de explicar, porque cuando empiezo a decir que es una mierda que se hagan cosas por las razones equivocadas la gente me viene siempre con la mierda esa de "Bueno ¿Y qué estás haciendo tú, eh?", mi problema reside en el por qué se hacen cosas frente al por qué decimos que hacemos cosas.

Yo no hago nada. Y me podría ir a ayudar supongo, pero la verdad... y digo esto a riesgo de quedar como un gilipollas integral... es que me da igual. Sí, es así. No me importa. No me gusta que pasen estas cosas, no me gusta que Siria lleve cuatro años en una guerra civil sangrienta (uno de mis mejores amigos es Sirio y la verdad, cuando me contó lo que estaba pasando hace un par de años flipé. Es una situación muy de mierda que escapa a mi comprensión y que ojalá no estuviese ocurriendo), pero si me dices "bueno, haz algo" no te voy a engañar, no lo voy a hacer.

Porque tengo otras cosas en mi cabeza ahora mismo. Porque en mi lista de prioridades ayudar a gente que está en países en guerra no está ni en mi top 10. Y es una mierda, pero es la verdad. Sé que es una justificación de mierda y que que sea la verdad no lo hace mejor, pero las cosas son como son. No voy a mentiros y a deciros ahora que no lo hago porque no puedo. Eso sería lo último.

¿Soy una mala persona por ello? No creo, la verdad. Creo que la empatía se tiene a distintos niveles y mientras la sientas en algún sentido está bien. A mi me dan igual los desconocidos, pero mi familia y mis amigos me importan mucho. Mucho más de lo que me importo a mi mismo de hecho. No soy una mala persona, o al menos no creo que lo sea.

El asunto es que no creo que no ayudar te vuelva una mala persona, pero si creo que la falsa empatía, esa que se genera a través de fotos y anuncios y campañas promocionales si te convierte en un hipócrita. No me malinterpretes, en la imagen global, es mucho mejor ser un hipócrita que ayuda que alguien como yo, pero eso no quita que la falsa ayuda, la generada así, LA QUE NO DURA (me parece importante destacar esto), no sea hipócrita. Porque por más que esté mejor que deis dinero o cosas y que intentéis ayudar y que vayáis a manifestaciones y así porque visteis una foto de un niño muerto y algo se rompió dentro de vosotros y decidisteis que era el momento de implicaros en una guerra que en cuatro años NO OS HA IMPORTADO UNA PUTA MIERDA, eso no significa que seáis mejores personas que yo.

No digo que seáis mala gente, ojo. No estoy diciendo eso. Os estoy llamando hipócritas, claro, pero no digo que seáis malas personas porque al final, aunque sea por los motivos equivocados, estáis intentando hacer algo. Lo que digo es que tampoco os engañéis o intentéis engañar a los de más diciendo que las cosas las hacéis porque sois grandes personas y no porque no queréis sentiros mal más.

También os digo, he conocido a muchas buenas personas a lo largo de mi vida, muchos de los cuales empezaron a implicarse política y socialmente a raíz de cosas como esta. No digo que no podáis estar haciéndolo por las razones correctas. Lo que digo es que si queréis ayudar... que no se quede en la anécdota. Que no se quede en "lo hacemos ahora porque está pasando esto y en cuanto pase que le den por culo otra vez a todo".




Es que me revienta un poco toda esta mierda. Este voluntariado poser. Esta implicación de red social. Me jode que busquéis aprobación y que se vea que estáis haciendo mazo y súper consternados con la situación actual e implicadísimos a base de compartir en Facebook la foto del niño en la playa diciendo "Ay qué puta mierda todo". No digo que no esté bien, claro, joder, al menos estáis haciendo algo. Pero no me vengáis de implicados, por favor. Porque ahí es donde reside vuestra hipocresía, en creer que por hacer algo para sentiros mejor sois buena gente.





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Ya siento esta entrada.

No sé porque soy un puto cínico. 

Igual es porque no ayudo. Igual es porque en el fondo soy una mala persona que se esfuerza mucho en decirse a si mismo que no lo es. Igual es que, así como vosotros buscáis aprobación gritando cuanto ayudáis en las redes sociales, yo busco justificar que no soy un cabrón en mi blog personal.

(o igual estoy de mala leche por una serie de mierdas que tengo encima ahora mismo, también podría ser)

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais...

... Conciertos de música electrónica en Aste Nagusi. A canis bailando junto a borrokas como si hubiese sido así toda la vida. He visto una semana grande bilbaína en donde parecían primar las mesas de mezclas frente a las guitarras y las baterias. Unas fiestas donde se mezclaban alboka con beatbox y la canción Aldapeko Sagarraren recibía un lavado de cara con machacones ritmos de dubstep.

He sido testigo de la revolución Euskalkani.




No se si llegaría a darle la carga política que el otro día le daba un amigo a este cambio social, creo que es una combinación de muchos elementos entre los que sin duda está el hecho de que hayan comenzado a surgir Djs con nombre en Euskal Herria (siendo las máximas exponentes, nos guste o no, las Tea Party), pero no creo que sea el único motivo. La electrónica vive un renacimiento. Las generaciones que llegan han abandonado el punk, el rock o incluso el pop y prefieren a un buen Dj en una gran discoteca. Hasta el reguetón  parece estar muriendo.

Obviamente nada de esto desaparecerá del todo, y podría ser que solo fuese una moda pasajera, pero resulta curioso ver a personas que jamás hubiesen accedido voluntariamente a escuchar lo que eran capaces de hacer dos chicas con unos platos y unas mesas de mezclas hace años querer, de pronto, no perderse ninguna de sus sesiones. Y quizás tenga que ver con lo que hacen las Tea Party. Quizás sus remezclas sencillas (que supongo que no fáciles) su uso de clásicos de bar (en su repertorio van del Highway to Hell de AC/DC al Chop Suey de System of a Down, pasándo por Otherside de Red Hot Chilli Peppers o incluso Lau Teilatu de Itoiz -básicamente temas de Antzoki y Azkena) sean lo que las hacen accesibles a toda clase de público. Quizás sea lo que faltaba para darle el pequeño empujoncito.

En cualquier caso las cosas están cambiando. Este año me he sorprendido ante un Aste Nagusi sorprendentemente electrónico y apenas roquero. Quizás sea una moda puntual, recordemos que también contrataron una vez a Lorna la del Papi Chulo para un Aste Nagusi (y recordemos también que no se presentó ella si no una doble o algo así convirtiéndose en una de las anécdotas más cómicas que recuerdo), pero en cualquier caso el boom de las Tea Party ha sido a nivel de las tres provincias y no solo de Bizkaia. Los tiempos están cambiando, supongo. Si para bien o para mal ya lo comprobaremos.

Populistas y Populares.

Nací y crecí en un Getxo y una Bizkaia en la que toda la política que ejercía el Partido Popular era una política victimista. Había que votarles a ellos para que no ganasen los terroristas. Había que votarles a ellos porque eran ellos, como buenos españoles, los que de verdad compartían dolor con las víctimas. No digo que no exista cierta relación entre ambos conceptos (victimas y militantes del PP) pero reducir toda la violencia ejercida a los miembros de un partido, o usar el dolor causado por una situación de mierda para rascar votos me ha parecido siempre pueril y bastante cobarde.

Pero eso hacían.

Resulta curioso ver ahora el enfoque que, de cara a las futuras elecciones generales, las primeras que, al menos en apariencia, están construyendo un frente de izquierdas realmente fuerte, los de Mariano Rajoy comienzan a adoptar el mismo victimismo y el mismo tipo de política que usaban por aquel entonces en Euskal Herria; Hay que votar al Partido Popular porque votar a cualquier otra cosa es votar al radicalismo de los bolcheviques bolivarianos del de la coleta. Hay que votar al PP porque de otro modo España se muere.

No son radicalismos, por supuesto. Porque los radicales son los otros. Lo suyo es más la opción sensata. La opción que cualquier ciudadano que se considere a si mismo español, sin importar su ideología, debería tomar si quiere salvar esta gran nación de las huestes comunistas.

Porque una cosa es ser Popular y otra Populista supongo.
Siempre que hablamos en positivo hablamos de como "deberían ser" las cosas. Si hablamos de que los políticos no deberían robar, que la gente no debería morir de hambre si hay recursos para todo, que los niños no deberían morir de enfermedades para las que se ha encontrado cura, que no debería haber guerras, que no debería haber racismo, ni clasismo, ni desigualdad por razón de sexo o tendencias sexuales. Cuando hablamos de estas cosas hablamos en hipótesis. Porque las cosas SON de otra manera. Y siempre SON de una manera que apesta.

Es curioso porque a todos nos gustaría que las cosas fuesen de otra manera y sin embargo nos resignamos a la idea de que las cosas son siempre malas. Aceptamos que el político robe, aceptamos que la gente muera de hambre, aceptamos que no se repartan medicamentos en los países menos desarrollados, que haya guerras, que exista el racismo. Aceptamos que en el siglo XXI la lucha de clases siga presente, que se trate diferente a las personas dependiendo de su sexo o que aún se discrimine a la gente con una sexualidad distinta. Lo aceptamos porque así es como ES el mundo. Nos gustaría que fuese de otra manera, pero ¿quien somos nosotros para cambiarlo?

Últimamente pienso mucho en esto. Pienso en esto y en que lo que hay entre lo que ES y lo que DEBERÍA SER es una elección.

Por poner un ejemplo reciente y cercano, solo para poner en perspectiva esto de lo que hablo, para explicar con un caso concreto algo que es muy jodido y que aceptamos porque es como son las cosas, vamos a hablar de las últimas elecciones.

En estas elecciones han aparecido dos partidos, Podemos y Ciudadanos, que caminaban, aunque en márgenes distintas, con un mismo objetivo. El fin del bipartidismo. Ambos partidos basaron gran parte de su campaña en la idea de que teníamos una clase política corrupta a la que había que eliminar, que era el momento de cambiar las cosas, de una segunda transición que terminase con los viejos estandartes y dejase paso a políticas jóvenes y nuevas. Sin entrar a valorar los resultados de estos dos partidos, las coaliciones del partido de Pablo Iglesias y los de Albert Rivera consiguieron una cosa, que era meter miedo. Los antiguos partidos vieron grietas en su torre de marfil y comenzaron a temer que las cosas se desmoronasen. Sí, ganó el PP pero jamás pensé que vería a Rita Barberá o Esperanza Aguirre asustadas. Y lo estaban.

Pero después en estas últimas semanas lo que hemos visto es el circo de siempre, pactos. Y lo más triste de todo es que pactos que han sido pactos que involucraban a estas nuevas formaciones con la mafia de siempre. Lo que hemos visto pues es una continuación con el sistema. Ni una ruptura, ni un cambio, ni nada. Seguir igual. Y lo más triste es que nosotros, los ciudadanos, los votantes, nos lo hemos tomado como la opción más lógica, porque es así como son las cosas, porque un gobierno en mayoría simple es una cosa que no se concibe.

Llegados a este punto me parece importante señalar lo que DEBERÍA SER (en ese mundo ideal e hipotético que nunca reflejará la realidad aparentemente) un político. Un político debería ser un servidor público. Alguien, que en plenas facultades mentales, decide involucrarse activamente en los quehaceres de su comunidad. De forma altruista y porque lo concibe como su deber como ciudadano. Alguien que quiere cambiar las cosas a mejor y que va a hacer todo lo posible porque sus vecinos tengan un gobierno más justo que vele por ellos. Idealmente un político debería parecerse a esa gente que se va a construir hospitales a áfrica o esa señora mayor que vive encima tuyo que todas las semanas va un día al comedor social de voluntaria. Alguien sin ánimo de fama y fortuna cuya responsabilidad civil es tan fuerte que le fuerza a dedicarse a ello.

Sin embargo y tristemente la realidad y lo que ES un político, o al menos lo que nosotros aceptamos como políticos hoy en día, dista mucho de ser eso. Los partidos políticos son sectas que captan jóvenes a sus miembros y los re-educan para ser fanáticos de su partido. Las ideas del partido son sagradas (aunque en muchas ocasiones sean contradictorias) y se basan en un principio básico de contradecir a la oposición. Si unos dicen Blanco los otros dirán Negro, y si al mes los primeros deciden que sí que Negro los segundos dirán entonces que Blanco está bien. De hecho, es tan así que en España, si a alguien de un partido se le ocurre decir que lo de los otros está bien ¡Se le multa! Poco importa lo que la ciudadanía piense o sienta, lo que importa es el partido. Así pues, la clase política en España no es más que un grupo de sectarios que creen que Altruismo era un personaje de El Señor de Los Anillos, y que están mucho más obsesionados con conservar el poder, los privilegios e imponer su ideología que de ti y de mi. Esto se evidencia sobre todo cuando, como ahora, ocurre que un partido gana en mayoría simple y no absoluta. Las sectas que se presentaron a las elecciones se apresuran a pactar y negociar condiciones, porque la idea de un gobierno con una mayoría simple no se concibe. La idea detrás de esta actitud, porque además de sectarios son unos paranoides, es que un gobierno con mayoría simple jamás será capaz de alcanzar ningún objetivo, pues en las votaciones el resto de partidos siempre se posicionará en su contra. Así que la opción que les queda, en un país en el que no existe la segunda vuelta, es negociar condiciones, es rascar la espalda a su enemigo con la esperanza que, llegado el momento ellos la rasquen de vuelta.

Aceptamos que estas cosas SON ASÍ. Porque han sido así siempre. Aceptamos estar gobernados por una casta de sectarios paranoicos, egocéntricos portadores de la verdad absoluta, porque la alternativa, que sería una clase política en la que partidos diferentes podrían llegar a escucharse y ponerse de acuerdo en lo que es mejor para la ciudadanía nos parece descabellada. Sí, a todos nos gustaría que las cosas fueran así, en un mundo ideal es como DEBERÍAN SER las cosas, pero no vivimos en un mundo ideal, y teniendo en cuenta eso, que los dos únicos partidos políticos con fuerza para cambiar las cosas de una vez decidan ceder, traicionar sus bases y pactar con el diablo a la primera de cambio nos parece lógico y nos parece correcto. Lo aceptamos como "el bien común" en casi todos los casos. Porque Andalucía no podía seguir sin gobierno, porque estamos echando al PP del ayuntamiento de Madrid, porque siempre hay un motivo para ello y la alternativa no es viable.

Lo aceptamos.

Se lo permitimos.

Porque las cosas SON de una manera y nunca van a ser como DEBERÍAN SER.

¿Soy al único al que le pone triste eso?






Insisto, es una elección. Y para mi desde ahora el No les votes incluye a Ciudadanos y a Podemos.
-¿Cómo puede ser esto por el bien común? 
-¡EL BIEN COMÚN! 
-¡A callar!

Nunca creí que vería a una alcaldesa en Barcelona que hubiese sido detenida por luchar por los derechos civiles en lugar de contra ellos. Nunca creí que vería el feudo valenciano peligrar, o a la mismísma Esperanza Aguirre asustada de unos novatos. Nunca pensé que el cambio se pudiese palpar también en las urnas, que la sociedad española fuese a dar muestras, papeleta en mano, de estar harta. Pero eso terminó pasando el domingo, sí, ganaron los de siempre, pero las nuevas formaciones dieron un golpe encima de la mesa, ganasen o no habían irrumpido con mucha fuerza. Y me encanta. Al final parece que se puede. Al final parece que la gente está dispuesta. No hay que perder la esperanza todavía.

Quiero pensar que estamos en un momento histórico. Que nuestros hijos estudiarán en la clase de historia los inicios de esta década como una segunda transición española. Del 15-M a las elecciones de 2015 o como de pronto los ciudadanos parecieron hartarse de una clase política podrida y respondieron a ello con su voto, quebrando el bipartidismo, apostando por la alternativa.

Pero los analistas son más agoreros. Se habla mucho de pactos. Se dice que en Madrid los de Ahora Madrid pactarán con el PSOE para echar a Espe y a los Populares del ayuntamiento de una vez. Y la verdad, espero que los analistas se equivoquen. Espero que no lo hagan. Porque hacerlo es pactar con la casta. Pactar con cualquiera de los dos partidos que han partido el bacalao hasta ahora, y hacerlo tan rápido, es tirar por tierra todo por lo que se ha luchado. Es pasarse por el forro de los cojones la opinión de tus votantes.

No pactéis. Por favor. Os prefiero en la oposición con principios que en el poder habiendo puesto el culo.

Eso es lo que hacen ellos, no vosotros.

El cuarto poder

Ayer se aprobó en el Senado la Ley de Seguridad Ciudadana, también conocida como Ley Mordaza. Como en el Congreso de los imputados, se aprobó gracias a la mayoría de la que goza el Partido Popular, y aunque por estar en año de campaña la ley se había suavizado y se habían retirado muchos de los aspectos más polémicos de la misma, seguía (sigue) siendo una ley que atenta contra la presunción de inocencia y genera un estado policial en el que todos somos culpables hasta que seamos capaces de demostrar lo contrario.

No voy a volver a hablar de la ley de todos modos. Sigo pensando (y al parecer soy el único) que es una de las cosas más escandalosas, si no la que más, que ha hecho el gobierno de Mariano Rajoy en estos cuatro años. Sigo pensando que es una ley que nos afecta a todos y que deberíamos echarnos a la calle hoy a quemar la ciudad en señal de protesta. Sigo creyendo que esto evidencia una vez más los problemas de la mayoría absoluta en España, un estilo de gobierno que convierte la democracia en dictadura durante cuatro años, y una vez más siento rabia e impotencia si hago memoria y recuerdo que de tener otra ley electoral, una justa de verdad en la que un ciudadano equivaliese a un voto, no lo tendríamos, y, por tanto, es poco probable (o quiero pensar que es poco probable) que esto hubiese pasado otra vez.

Pero no quiero hablar de eso. Porque con la gente que estoy realmente enfadado hoy es con los periodistas. 

En mi opinión (y puede que esté equivocado viendo lo que ha pasado) es el deber del cuarto poder el informar a los ciudadanos de este tipo de cosas. No voy a decir que sea su deber alentar a la revuelta o la protesta, pero sí la de mantener, o al menos intentarlo, a la población enterada. Para eso existe, creo, el cuarto poder, para que más allá de los sucesos que hayan ocurrido, de los Bretones, los accidentes y el calor que haga en verano, cuenten a la población que su gobierno roba si lo hace, que sus políticos son criminales si lo son o, como en este caso, que el gobierno está aprobando en solitario leyes que atentan contra los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

Sin embargo la cobertura que se ha hecho de la ley mordaza evidencia un poco más el bajo nivel al que se juega en los grandes medios de comunicación. Cuando dicha norma se aprobó en el Congreso y, entonces sí, los periodicos decidieron informar del asunto, todos se centraron en la anécdota. En cuanto nos iban a cobrar por protestar, y no en que nos iban a cobrar por protestar. El problema no era que, por una sentada, te pudiesen caer 6000 euros o los que fuera, el problema era "que te cayese dinero". Era que convertíamos lo que antes eran delitos en multas de tráfico. Era que la conocida como Ley de Seguridad Ciudadana, cambiaba tu estatus de inocente a culpable y eras tú ahora, recurriendo ante un tribunal, el que debías demostrar que tus actitudes no merecían la multa. Aunque las multas fuesen de cincuenta céntimos esto sería igual de escandaloso.

Pero la prensa prefirió quedarse en eso. Porque como tantas otras veces, las putas que escriben en los periódicos de este país dieron al pueblo lo que los borregos pedían en lugar de lo que debían darles. A la gente (porque "la gente" como masa, es tonta) le importa el detalle y la anécdota, pero tu deberías informarle del problema. Informar ayuda a que la masa deje de ser masa y empiecen a ser individuos. Al menos es como yo lo veo.


Esta vez de todos modos la cosa ha sido más escandalosa aún y ni siquiera se ha informado de que esto estaba pasando. No encontraréis en ninguno de los grandes medios escritos de este país ni una nota acerca de la aprobación en el senado de la dichosa ley. En su lugar encontraréis noticias sobre el culebrón electoral y los tejemanejes de los partidos de cara a las dos votaciones de este año, o noticias sobre la historia de la semana, el dramático caso de la soldado Zaida, caso que, aunque me parece un escándalo, no deja de ser puramente anecdótico. No digo que no se deba informar sobre el tema, digo que me parece más básico e importante informar a la población de como su gobierno le odia que de como una de las instituciones que menos afecta a la vida de los ciudadanos (el ejercito) resulta que es un nido de ratas y machistas. Pero es la noticia de la semana porque Salvados le dedicó un programa a la soldado y de pronto #TodosSomosZaida. En fin. Que país.



En serio, me habéis decepcionado, periodistas. Ya sabía que erais putas de antes, y no me voy a hacer el sorprendido como si no supiese de antes que el cuarto poder es una farsa en este país, pero lo de ahora, en serio, me ha tocado la fibra sensible. La Ley de Seguridad Ciudadana debería haber acaparado portadas desde que se aprobó en el Congreso. Deberíais haber dedicado todos estos meses una mini sección para convertirlo en lo único de lo que hablen los ciudadanos de este país, porque, en serio, es una ley que (potencialmente) nos criminaliza a TODOS. Pero no.

Claro que no.

Que asco todo.